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El Big Data, una pieza fundamental para combatir el cambio climático

Noviembre 13, 2019

Hace un día radiante.

El sol nos invita a caminar por las calles y espacios verdes de nuestra ciudad con nada más que una ligera chaqueta de entretiempo.

Un día con un tiempo tan apetecible es sinónimo de disfrutar de las múltiples terrazas que bares y restaurantes despliegan para nuestro disfrute durante esos pequeños momentos de ocio y tiempo libre en los cuales dejamos a un lado los compromisos y responsabilidades de nuestro día a día.    

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Aunque en ocasiones lleguemos a olvidarlo, las condiciones meteorológicas son un factor clave a la hora de explicar los resultados económicos de nuestra empresa a final de cada año económico.

Y si nos paramos a pensarlo, predecir estas con antelación nos permite hacer de las mismas un elemento muy favorable para incrementar nuestra cuenta de resultados frente al resto de empresas que operan en el mismo sector que nuestra compañía.

No obstante, si analizamos las posibilidades de predicción meteorológica, es llamativo ver como la precisión de las herramientas digitales, las cuales han experimentado una evolución superlativa en los últimos años, se contraponen con lo establecido por la ciencia, que no siempre otorga datos igual de concisos.

Un ejemplo internacional de esta contradicción se pudo apreciar en el año 2016, cuando el departamento meteorológico de la India predijo un largo periodo de sequía, al tiempo que un pronosticador privado establecía un volumen de precipitaciones muy similar al de años anteriores.

lluvia

Esta contradicción puede llegar a ser del todo perjudicial para nuestra empresa.

Al fin y al cabo, una mejor comprensión del clima otorga a empresas y gobiernos la oportunidad de mejorar la planificación de sus proyectos a medio y largo plazo, al tiempo que establecen las pautas de desarrollo de sus operaciones de carácter diario.

SÍNTESIS DE LA CUESTIÓN | Análisis diferenciado por sectores.

Las noticias sobre el clima en los titulares de prensa, especialmente aquellas de carácter internacional, suelen ser sinónimas del anuncio de diversos eventos catastróficos desde el punto de vista climático: Huracanes, incendios forestales, inundaciones etc.

Es algo lógico. Desastres naturales de este tipo devastan la economía de gran parte de la población, además de requerir de una inversión significativa para reparar con eficacia las áreas dañadas. 

Los incendios sucedidos en las Islas Canarias serían un claro ejemplo de noticias de esta tipología dentro del escenario nacional.

Dejando a un lado fenómenos meteorológicos que suceden con menor frecuencia, es importante ser conscientes de que unas condiciones intempestivas de frío o calor pueden afectar de manera clara a las comunidades y empresas a nivel local. 

Ejemplo de esto lo encontramos en la cervecera holandesa Heineken, que en 2016 no dudó en atribuir al clima favorable el aumento del consumo de cerveza durante el mismo periodo de tiempo.

Si buscamos un dato de carácter genérico, se calcula que al menos el 70% de las empresas de todo el mundo se ven afectadas por cualquier situación de clima anormal en el área donde ofrecen sus bienes y / o servicios.

Este grado genérico de afección podríamos concretarlo a nivel internacional en un país como Estados Unidos, país en el cual, de manera general, unas condiciones anormales de clima pueden llegar a disminuir la producción económica del mismo en 485.000 millones de dólares al año, dato muy relevante si tenemos en cuenta que este representaría el 3,5% de la economía general del país.

dolares

A través de la Aon Global Management Survey, una encuesta a nivel mundial que ahonda en las mayores preocupaciones de las empresas, podemos comprobar cuáles son las industrias más sensibles al cambio climático.

El 53,6% de las empresas de la industria agroalimentaria afirman que el impacto del cambio climático afecta de manera directa al desarrollo de su actividad empresarial, le sigue la industria de bebidas con un 48,0%, industria energética con 43,2%, y administraciones públicas con una preocupación del 27,8% de los gobiernos.

No obstante, si bien es cierto que el tejido empresarial español aumenta de manera progresiva en su concienciación acerca del grado de afección que el cambio climático tiene sobre su actividad económica, son pocos los núcleos empresariales  que cuantifican de manera objetiva cómo se traduce esta situación en su cuenta de resultados al final de cada ejercicio económico.

Al analizar cómo pueden afectar los cambios del clima a la situación económica de un país, debemos destacar aquellos sectores de mayor sensibilidad frente a este tipo de cambios para lograr un análisis más detallado, destacando ejemplos de carácter nacional e internacional que ofrezcan una perspectiva más completa y global del conflicto que estamos tratando en el presente artículo.

El evidente incremento en las temperaturas medias globales y la consiguiente preocupación por los efectos del cambio climático están teniendo su repercusión en ámbitos que a primera vista pueden resultar inesperados.

Esto se debe a que el cambio climático puede provocar impactos directos e indirectos sobre distintos sectores de la economía.

Sector de la Banca e Fintech

El cambio en temperaturas y niveles de precipitaciónes nos lleva no solo a esperar impactos en la agricultura y la alimentación, sino también en otros sectores no tan evidentes a primera vista, como por ejemplo el turismo, la energía, la construcción, los seguros e incluso el sector bancario.

En concreto es destacable que la Unión Europea y en el Banco Central Europeo (ECB) ya hay abiertos foros y debates entorno a riesgos e impactos que el clima puede tener sobre el sistema financiero.

Esto se debe en gran medida a la gran cantidad de datos que el Big Data aporta, ayudando por tanto en la elaboración de modelos de impacto a nivel europeo, de país y/o sectorial incluso con una granularidad que alcance potencialmente a aquellos activos más sensibles y expuestos a los efectos del clima.

Comercio minorista, industria agrícola y sector de la alimentación.

El comercio minorista dedicado a vender productos íntimamente relacionados con las condiciones meteorológicas representa por lógica uno de los sectores más afectados.

Ejemplo internacional de este alto grado de afección lo encontramos en la cadena británica de bricolaje B&Q, la cual sufrió una caída en ventas del 4,7 % en el 2017, año en el cual las lluvias en Reino Unido elevaron su volumen de precipitaciones de manera muy significativa.

No obstante, no es necesario acudir a escenarios internacionales para entender el grado de afección para este tipo de actividades que conformarían la economía de un país.

Así por ejemplo, los agricultores españoles cada vez adelantan más la siembra de la cosecha y utilizan variedades extra tempranas y resistentes a la sequía, con el objetivo de que las condiciones climatológicas afecten lo menos posible a su economía a final de cada año.

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Construcción

Las actividades de la construcción, las cuales representaron en 2018 un 5,2% del PIB español, pueden resultar grandes damnificadas por todos aquellos cambios climáticos de carácter severo.

Aunque en ocasiones podamos visualizar el cambio climático como un elemento externo a la situación de nuestro país, el sector de la construcción se ha concienciado de manera reciente sobre la forma en la que este condicionará la metodología de trabajo del sector en un futuro, algo sobre lo que reflexionó el grupo de Investigación ISDE  de la Universidad de Granada en un informe realizado al respecto.

Si buscamos ejemplos de carácter internacional, dentro de este sector podríamos destacar al país alemán durante el año 2017, año en el cual una importante ola de frío paró diversas actividades de construcción que se estaban llevando a cabo en el país, disminuyendo con ello la actividad del sector en un 24% a final del mismo año.  

Es cierto que el sector de la construcción ya tiene cierto “bagaje profesional” a la hora de tener en cuenta las consecuencias que los cambios drásticos del clima pueden tener sobre su actividad económica.

Por este motivo,  las empresas del sector suelen contar con fondos de contingencia para quedar cubiertos frente a futuros retrasos climáticos que pudieran producirse a lo largo del año.

No obstante, si desconocemos el origen de los cambios de esta tipología o la fecha en la que finalizarán los mismos, esta falta de previsión puede dar lugar a pérdidas aún mayores para cualquier empresa que actúe en un sector tan específico como este.

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Energía

La afección del clima también puede darse desde una vertiente positiva. El sector de la energía es el perfecto ejemplo de ello.

Unas excesivas condiciones de frío o calor aumentan de manera directa nuestro consumo de energía, bien por el uso de calefacción central en nuestro hogar en el periodo invernal como por el uso de aparatos de aire acondicionado en las épocas en las que la temperatura aumenta de manera considerable.

Así lo afirma Red Eléctrica España cuando analiza nuestros hábitos de consumo.

En invierno, las horas puntas de consumo de energía se dan siempre entre las 11:00 y 12:00 de la mañana, coincidiendo con la actividad de empresas y servicios así como los hogares residenciales (uso de hornos y cocinas).

Asimismo, con la llegada del verano la estación traslada los mayores picos de consumo de energía a las horas centrales del día, franja horaria en la cual se produce un aumento de la temperatura de manera más significativa.

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¿Cómo puede ayudarnos el Big Data a mejorar este tipo de previsiones?

La utilización de Big Data se consolida de manera férrea como un elemento fundamental para estar protegidos frente a este tipo de riesgos climatológicos.

De hecho, las grandes aseguradoras ya han empezado a hacer de este el elemento sobre el que desarrollar diferentes pólizas de protección que se adapten a la perfección a las necesidades de las empresas que operan en los diversos sectores económicos que conforman el PIB de cualquier país.

Un clarísimo ejemplo de cómo el Big Data está influyendo de manera positiva en la prevención de este tipo de cuestiones lo encontramos en la aparición de diferentes seguros paramétricos dentro del mercado asegurador.

Este tipo de seguro se basa en la intensidad del evento climatológico en cuestión, como por ejemplo, el volumen de precipitaciones en una zona concreta.

Por otro lado, no debemos pensar que la utilidad del Big Data en la predicción de cambios climatológicos circunscribe sus beneficios a los servicios que prestan las diferentes empresas aseguradoras.

Esta puede resultar un elemento clave para ofrecer un servicio de ayuda más eficaz en los casos de desastres meteorológicos que se repiten con cierta frecuencia.

Ejemplo internacional de beneficios de esta tipología podríamos encontrarlos en Camboya, nación en la cual de manera histórica las inundaciones han tenido un importantísimo coste para la nación, tanto a nivel humano como a nivel financiero.

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Los datos sobre riesgos meteorológicos fueron cruzados con otros datos más específicos de las diferentes comunidades y poblaciones que conforman el país, con el objetivo de analizar la magnitud de afección que este tipo de fenómenos meteorológicos tenían sobre el país de manera mucho más específica.

Este cruce de datos permitió un análisis pormenorizado de los riesgos que estas tenían sobre las diferentes áreas de la población, siendo estos resultados la base sobre los que a posteriori se diseñó un plan de actuación mucho más especializado y capaz de ofrecer mejores garantías de protección.

Y aunque este tipo de catástrofes naturales son menos frecuentes en el territorio nacional, no conviene olvidar que tampoco somos un país que esté exento de vivir las consecuencias de esta.

Así por ejemplo, podemos destacar la ciudad de Lorca, la cual se localiza dentro de las 2 principales zonas sísmicas de la Península Ibérica, convirtiéndose en un área muy vulnerable a los movimientos tectónicos.

El terremoto de 2011, a pesar de lo que pudiera deducirse de las noticias publicadas en la prensa nacional, tuvo una magnitud moderada, no superando un grado de 5.1 en la escala de Richter.

A pesar de ello, esta catástrofe geológica causó 9 víctimas mortales, más de 300 heridos y 462 millones de euros en pérdidas económicas directas.

La magnitud de un terremoto no es el único dato a tener en cuenta a la hora de determinar las consecuencias que un terremoto puede generar en una zona en concreto.

Datos específicos de la zona en la que sucede, unidos a los antecedentes históricos del área en cuestión requieren de un análisis pormenorizado para diseñar un plan de prevención lo más eficaz posible.

El cruce de los mismos a través de herramientas de Big Data puede reportar grandes beneficios al respecto.  

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El cambio climático es algo que afecta de manera global a todas las naciones y sus respectivas economías.

Servirnos del Big Data para entender las dimensiones del mismo sobre nuestro país o empresa es la forma perfecta de obtener una perspectiva global, completa y lo más especializada posible, algo que se puede  apreciar en  diferentes ejemplos de carácter nacional e internacional.

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